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Temario Pirata - Corsarios

Un barco corsario era aquel que navegaba a las ordenes de un rey y realizaba "actos de guerra" contra los intereses de un país enemigo (normalmente se trataba de debilitar su poder comercial y colonial). Los corsarios tenían en su poder documentos que autorizaban al barco a llevar a cabo tales actos. Dichos documentos recibían el nombre de "Letter of marque" o "Patente de Corso". Los límites que planteaban estos documentos eran muy ambiguos y normalmente eran los capitanes corsarios y sus tripulaciones quienes decidían que era lo que podían hacer y que era lo que no. Las Patentes de Corso eran entregadas por un rey, aunque lo más habitual en la práctica era que éste delegara en un gobernador. En tiempos de guerra, incluso podía llegarse al extremo de organizar expediciones corsarias contra los intereses de una potencia hostil. Cuando esto sucedía, los capitanes y tripulantes de las embarcaciones corsarias estaban obligados a entregar todo el botín a excepción de una pequeña parte (que podía ser un quinto o incluso más). Cuando los barcos corsarios no formaban parte de ninguna misión de la Corona, solían atacar cualquier buque cuya bandera no fuera la suya, comportándose como piratas pero aún conservando los derechos de navegar en corso. El botín que conseguían de esta manera era para ellos, aunque estaban obligados a entregar una parte al gobernador colonial que procediese. Los barcos corsarios podían considerar como puertos seguros aquellos que perteneciesen al país bajo cuya bandera hacían el corso, gozando además de su protección. Los corsarios no podían ser colgados por practicar la piratería porque gozaban de un "permiso" (la patente de corso) expedido por la Corona. Evidentemente, un corsario apresado por el enemigo no podía confiar mucho en este punto, pues era costumbre colgar a los corsarios enemigos.

 

El corsario es el particular que en virtud de contrato (carta de marca o patente de corso) estipulado con el estado bajo cuyo pabellón navega, persigue, captura, o visita barcos mercantes de países enemigos, quedándose con las presas capturadas o parte de ellas, y sujetándose a reglas previstas por la legislación (por ejemplo el Libro del Consulado del mar o el código de las Partidas en el caso de los dos grandes estados hispánicos medievales). En la práctica, sin embargo, es difícil determinar dónde empieza la piratería y dónde termina el corso, que degenera fácilmente en aquélla; el mismo individuo es considerado a veces corsario por sus compatriotas y pirata por los enemigos. Ya las colonias griegas a lo largo de todo el Mediterráneo sufrieron los asaltos de los etruscos con gran frecuencia.

 

Corsarios y tráfico de esclavos en el Mediterráneo:

     Estuvieron muy relacionados, generalmente practicándolo, pero a veces persiguiéndolo. En los estados hispánicos adquirió importancia creciente con el estancamiento de la reconquista, proveedora de abundante y barata -cuando no gratuita- mano de obra esclava, y conoció un gran auge a raíz de la escasez de mano de obra consecuente al cataclismo demográfico producido por la peste negra. Las operaciones a furto (de corso) contribuyeron a la formación de una rica burguesía sevillana en el siglo que precede al descubrimiento de América. Antes de participar en éste Vicente Yáñez Pinzón pirateaba frente a las costas catalanas. Una fiebre de piratería esclavista legal se apoderó de catalanes, valencianos y mallorquines, produciendo enormes beneficios a corto plazo, pero contribuyendo a la decadencia económica catalana a la larga, por ruptura de relaciones y represalias que ello entrañaba (los desmanes de J. de Vilaregut provocaron violentas reacciones flamencas. Corsarios catalanes se enfrentaron a corsarios provenzales y genoveses, corsarios cristianos se enfrentaron a corsarios musulmanes, empleando métodos y persiguiendo objetivos similares: no contentos con apresar infieles, los únicos con los que les era lícito traficar, unos y otros revendían, ocasionalmente, a correligionarios, cuando éstos constituían el cargamento de naves enemigas apresadas. En el s. XVIII el almirante Barceló proveía aun a la corona de miles de esclavos destinados a arsenales, minas de Almadén y obras públicas: no todos estos esclavos, procedentes del corso contra berberiscos, eran musulmanes ni súbditos de países enemigos.

 

Los corsarios : no obran siguiendo motivaciones completamente egoistas, sino que se amparan en "cierta etica". Ya que actuan unicamente contra los enemigos de su estado, contando con el permiso (patente de corso) de algun estado para acabar con los posibles comercios enemigos. Los corsarios son marineros particulares que ofrecen sus servicios y embarcaciones a un monarca (que no tiene porque ser el propio) en tiempos de guerra. La manera de conseguir la patente de corso es solicitarla al monarca o también a los gobernadores de las colonias, siendo a veces posible incluso comprarla a otro corsario.

 

Un "honrado" corsario puede llegar a convertirse en un despreciable "pirata" si no poseé una patente de corso, si se extralimita en el plazo marcado por la patente o si la guerra termina y la patente es retirada.

 

El corsario debe de entregar una parte del botín al monarca (aproximadamente un diez por ciento).

 

Por supuesto esto es la parte teórica e idealizada de la figura de un corsario, en realidad las patentes de corso son utilizadas tanto en tiempo de paz como de guerra y el reparto del botín con el monarca no siempre se ajusta al diez por ciento "aquel galeó español en realidad era un señuelo.... un millon de libras.... no que va, casi no llegaban a las cien mil...."

 

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