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Todos los puertos de Indias sufrieron vejaciones, y algunos,
como La Habana, varias veces. Los medios de defensa eran precarios. No
existían fuertes, y los pocos que había, como la Fuerza Vieja en La Habana,
de nada servían contra veteranos armados hasta los dientes. Los nombres de
Pata de Palo (François Le Clerc), Jacques Sore, Jean de Bontemps y
Robert Blondel sembraban el pánico entre los aterrados pobladores de las
costas del Caribe. Martín Cote, por ejemplo, se toma primero a la sufrida
Santa Marta y luego procede, en 1559, contra Cartagena. Alertada la ciudad,
el gobernador apresta treinta hombres y algunos indios flecheros en
trincheras improvisadas ¡contra mil piratas en siete naves artilladas! Fray
Pedro Simón cuenta que diez arcabuceros dispararon hasta cuando se les acabó
la munición y que los soldados ofrecieron una denodada resistencia que causó
muchas bajas entre los piratas, luego de lo cual se dieron a la fuga, como
ya lo había hecho el resto de los vecinos. Martín Cote y su banda no se
retiran hasta obtener un rescate por los prisioneros y la acostumbrada
"vacuna" por no incendiar la ciudad. Dada la indefensión, a la postre, la
mejor defensa contra las incursiones corsopiratas resultó ser la pobreza. El
saqueo y los rescates de la mayoría de los puertos de Indias no pagaban el
equipamiento de costosas expediciones. |