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Concluida la conquista del Perú
en 1535, se inició la expansión española hacia el Sur. Correspondería a
Diego de Almagro el mérito de realizar la primera misión europea
planificada a Chile.
La expedición
salió del Cuzco el 3 de julio de 1535 y siguiendo el camino del inca se
introdujo al altiplano boliviano. Bordearon el lago Titicaca y Poopó,
atravesaron las serranías desiertas y después de tres meses de travesía
llegaron a Tupiza. Luego se dirigieron hasta Chicoana y atravesaron la
Cordillera de los Andes por el paso San Francisco, frente a Copiapó,
que era el punto donde comenzaban las nuevas tierras.
Finalmente, en
junio de 1536, Almagro llegó al valle del Aconcagua. De inmediato
inició la exploración del valle central y, personalmente, llegó hasta el
valle de Maipo. Pero también mandó a dos de sus capitanes a recorrer las
regiones cercanas en busca de las riquezas soñadas.
Una de estas
expediciones estaba encabezada por Juan Saavedra, quien alcanzó
hasta la costa, donde ya estaba anclada la nave de Alonso Quintero, en
cuyo honor la bahía en la que estaba fue bautizada con su apellido.
Otro
destacamento, comandado por Gómez de Alvarado, avanzó hasta la
confluencia de los ríos Ñuble e Itata, donde fueron recibidos
hostilmente por un grupo de aborígenes que se enfrentarían por primera
vez con los conquistadores. El combate tuvo lugar en Reinohuelén,
y aunque fue un triunfo para los españoles, muchos de ellos quedaron
malheridos, al igual que parte de su caballería.
La resistencia
de los indígenas y la ausencia de metales preciosos, que era el
principal objetivo de la expedición, provocaron el desánimo de las
tropas, y por ello, Almagro resolvió regresar al Perú. Este viaje lo
hizo por el desierto de Atacama, siguiendo el antiguo camino de los
incas. |