En
1634 un incendio destruyó la ermita de
Nicoya, la más antigua de nuestro país, lo
que constituyó una gran pérdida al
desaparecer los archivos que guardaban
valiosos documentos.
Nicoya fue incendiada por piratas en 1681 y
Esparza en 1687 y 1688.
En la
sublevación de Talamanca de 1709, la de
Pablo Presbere, los indios incendiaron
iglesias, conventos y casas de cabildo. De
estos incendios, provocados por
incendiarismo u otras causas, los
costarricenses poco era lo que podían hacer,
máxime en el caso de rebeliones o invasiones.