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Se
localiza a 548 kms. de Cabo Blanco y actualmente es un
parque nacional declarado Patrimonio de la Humanidad. La
isla tiene una elevación cercana a los 643 mts. sobre el
nivel del mar y constituye el volcán submarino más alto de
una cadena que emerge del fondo del océano. Su territorio
posee gran riqueza paisajística, está cubierto de un bosque
siempre verde y se le considera un verdadero laboratorio
natural para el estudio de la evolución de las especies. La
Isla del Coco cuenta con muchas cascadas, acantilados y
cavernas submarinas. En su mar, de transparentes aguas color
azul turquesa, habitan peces loro, atunes, jureles, mantas,
gigantescos tiburones martillo, de cabeza pectinada y de
aleta de punta blanca de arrecife. En torno a esta isla se
han tejido múltiples historias acerca de un fabuloso tesoro
enterrado allí por parte de los piratas de antaño. De
acuerdo con la leyenda, el pirata Morgan enterró en algún
lugar de la Isla del Coco un valioso tesoro que aún
permanece oculto. Sin embargo, para muchos, el verdadero
tesoro de esta isla es su flora y fauna.
La Isla del Coco no tuvo
propietario legal hasta 1869, cuando el Presidente de Costa
Rica, envió una expedición oficial, tomando posesión de la
isla en nombre del Gobierno y del pueblo costarricense en
septiembre de ese año 1869. La relación de la isla con Costa
Rica no nace a raíz de esta expedición. En 1832 cuando
algunos náufragos chilenos fueron rescatados por una goleta
enviada por el Gobierno costarricense, se estableció una
relación de pertenencia y cercanía que dio por resultado la
toma de posesión de 1869.
Los gobernantes nunca vieron en la Isla del Coco otra
cosa que no fuese un peñasco sin valor en medio del
Pacífico, hallándosele como única utilidad el
establecimiento de una colonia penal entre 1879 y 1882, en
la Administración del Presidente Tomás Guardia. Por decenios
la isla se mantuvo sin protección ni vigilancia militar ni
policial, hasta que fue declarada Parque Nacional en el año
1978, siendo Presidente Rodrigo Carazo Odio.
Un primer período
histórico es del posible descubrimiento de la isla por
navegantes precolombinos y posteriormente por navegantes
hispanos. Se dice que la Isla fue descubierta por el
navegante español Joan Cabeças después del 1531 y antes de
1542, cuando figura en el planisferio de Nicholas Desliens
como Ysle de Coques.
El segundo período
corresponde al de piratas, corsarios y tesoros. Por la
abundancia de agua dulce, madera, pesca y cocos, durante los
siglos XVII y XVIII fue refugio de piratas y corsarios,
entre los que destacan: Edward Davis, John Cook, John Eaton,
Bennett Graham, Benito Bonito y William Thompson; así como
los cronistas William Dampier (1652-1715) y Lionel Wafer
(1660-1705). Según las leyendas en la Isla se escondieron
valiosos tesoros, entre los que destacan los de los
capitanes: Davis que llegó a la Isla en 1685 en su barco
Bachelor's Delight; el de Graham en su barco Devonshire en
1818; el de Benito Bonito con su nave Lighning en 1820 y
finalmente el de Thompson y el Mary Dear en 1821. Este
último tesoro es conocido como el Tesoro de Lima.
Un tercer período
histórico, corresponde al de los balleneros, en el que la
Isla sirvió de estación de abastecimiento de agua dulce,
madera y leña, así como sitio de descanso de las numerosas
tripulaciones de los balleneros que operaban especialmente
en los alrededores de las Islas Galápagos. A pesar que este
período histórico está ricamente documentado en las
bitácoras de los balleneros, ha sido escasamente estudiada.
Un cuarto período se
refiere al de la presencia en la Isla de exploradores y
científicos, que se inicia en 1791 con la vista del
Alejandro Malespina en 1791, con sus navíos Descubierta y
Atrevida enviados por la Corona Española para realizar un
reconocimiento hidrográfico del Pacífico Americano, el cual
es proseguido por un sin número de expediciones entre las
que se citan como ejemplos las de: Georges Vancouver del
Almirantazgo Británico que visitó la Isla en 1795, en sus
barcos Chatham y Discovery; Edward Belcher en 1838 en los
barcos Sulphur y Starling; la del científico Alexander
Agassiz, de la Comisión de Pesca de las Estados Unidos en el
Albatross, en 1888; la de Hopking Stanford en la goleta
Julia Whalen en 1899; la de la Academia de Ciencias de
California, en el Academy en 1905; la patrocinada por el
Museo Británico en el velero Saint Georges, en 1924; las de
William Vanderbilt en los yates Eagle y Ara, entre 1921 y
1928; Vicent Astor en el yate Nourmhal, en 1930; Allan
Hancock en el crucero motorizado Velero III, en 1932 y
muchas otras más. Como resultados de estas expediciones y
visitas de científicos se han colectado mucho material
natural y se han realizado un sinnúmero de publicaciones
sobre la Isla del Coco.
Otro período importante
de la historia de la Isla se refiere al de la época en que
se instalaron una colonia penal (1879-1881) y una agrícola
(1884-1912). La primera tuvo una vida efímera, pero
estableció actividades agrícolas con las respectivas talas
del bosque. La segunda fue promovida por August Gissler,
quien fue nombrado Gobernador de la Isla del Coco y la cual
tuvo un desarrollo variable en el tiempo, con presencia de
colonos alemanes. Durante esta se realizó una búsqueda
intensiva del tesoro.
Un sexto período de la historia de la Isla es el que se
refiere a la búsqueda del tesoro. Esta se inicia en el
primer cuarto del siglo XIX y finaliza con última expedición
de búsqueda del tesoro de John Hodges y Leonel Pacheco, en
el barco Dulcinea, autorizada en 1992. A la fecha se estima
que se han emprendido más de 300 expediciones de búsqueda
del tesoro, sin resultados conocidos.
Posteriores a los períodos históricos citados, se pueden
identificar otras fases históricas modernas que deben ser
estudiadas, entre las que se citan las de exploración y
turismo criollo (a partir de 1932), la de la Isla como área
protegida (a partir de 1978) y la del turismo organizado (a
partir de 1980).
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